Los primeros recuerdos sobre Mr. Bean están asociados al pequeño Sofá verde en el salón de mi tío el inglés. En aquellos tiempos, Mr. Bean era un ser tan exótico como la Inglaterra de la Reina Madre y el Liverpool de Mcmanaman y Fowler. Estoy hablando del año 93.
Aquellos primeros visionados en VHS me hicieron reír como nunca antes, sólo me he vuelto a partir el culo con tantas ganas en las primeras cintas de Kevin Smith. Para disgusto de mis padres, Mr. Bean no pudo paliar mi “borregued” con los idiomas, aquel genio con chaqueta marrón era prácticamente mudo. Varios de esos esqueches se hicieron memorables: el cine, el parque, el examen de matemáticas, la piscina…
Era tan bueno que al año siguiente algún geniecillo de Telemadrid pilló los derechos del señor judía y nos lo metió por los ojos sin traducir ni nada. Los niños hablaban de él hasta en mi colegio. Nuestro idilio duraría unos 8 años más o menos. Sin bien es cierto que sus incursiones en el cine son bastante infumables, muchos años después, su reino es la televisión, aunque ya no lo pongan.
Rowan Atkinson consiguió con Mr. Bean llegar al nivel de otros genios mudos como Baster Keaton o Charles Chaplin. Los más eruditos dirán que Chaplin tenía un rollo social que le engrandece y que además fue el primero, pero también diré que el bueno de Chaplin no tenía reparos en copiar argumentos y además, me hace más gracia Atkinson. Con respecto a Baster Keaton, siempre me he preguntado por qué está por debajo de Chaplín…
Aquí os dejo algunos de sus cortos, espero que os gusten
La pregunta del día:
¿Os mola tanto como a mí o soy un romántico?
